CONCEPTOS DE EDUCACIÓN Y SUS DESAFÍOS DE CARA AL SIGLO XXI

 

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Ensayo Sobre un Concepto Dado De Educación


El documento a partir del cual elaboramos este ensayo, tiene por autor a Julián Luengo Navas y está incluido la obra “teorías e instituciones contemporáneas de educación” (Madrid, Biblioteca Nueva, 2004).

Es de estructura asimétrica. Consta de una sección 1 mínima y relativamente insustancial, de una sección 2 que se extiende por quince páginas, tituladas “identidad conceptual” que se ocupa sucesivamente de sagaces consideraciones etimológicas del término “educación” por un lado; y por el otro del perfeccionamiento, la finalidad, la integridad, influencia, la intencionalidad, la comunicación, la actividad, la continuidad, la individualización. la socialización, la enseñanza, y el aprendizaje, como notas características del proceso educativo; y de una sección 3 o síntesis final en la que se da un concepto de “educación” acorde con el orden de ideas del documento.

Ahora bien, la tesis núcleo de este ensayo, vinculada directamente al concepto dado por el autor, la formulamos así: “La educación (en nuestra cultura occidental) es un proceso idealizado de perfeccionamiento humano, asociado a valores colectivos seleccionados, que utiliza influencias intencionales, y que tiene como finalidades mutuamente complementarias la individualización y la socialización”.

Se trato, por supuesto, de un planteamiento refutable, pero como nosotros nos adherimos al concepto de Luengo Navas, en su propio documento encontramos una serie de argumentos que consideramos adecuados para respaldar o apoyar la tesis, y, en consecuencia, confirmar el concepto del que se ocupa.

Primer argumento: que el proceso educativo sea idealizado o idealista, resulta un factor necesario en él, ya que de otra manera se tornaría asunto de poco interés tanto para el educando como para el educador, y esto queda diáfano o se infiere cuando García Carrasco y García del Dujo (1.996) menciona lo de componente ideal o “utópico” dándole a esta última palabra un sentido positivo.

Si para Durkheim (1922) “cada sociedad se labra un ciento de ideal de hombre, ese ideal es, en cierta medida el mismo para todos los ciudadanos de un país”, se sobre entiende que a un ideal de hombre debe corresponder una educación idealizada.

Además, en el término “educación” tal como lo entienden eruditos y profanos, al menos para nuestra cultura occidental, subyace una búsqueda de ideales. Ya Plantón lo admitía, hace milenios (Dialogues, Oxford University Press, 1972).

y desde cualquier perspectiva lógica, aprender a no pensar en nada, aprender a tener la mente en blanco durante horas poco tiene que ver con la educación en occidente, pero la reflexión trascendente y gratificante ligada siempre a valores o ideales si ocupa una posición central dentro del concepto de educación al que nos incluimos.

La búsqueda de ideales, la visualización de ciertas metas ideales, son un factor necesario en el proceso educativo, lo cual exige que de este se excluyan las trivialidades y se abran en las múltiples vías hacia lo ideal.

Segundo argumento: que el proceso educativo pretenda ser de perfeccionamiento humano resulta totalmente razonable.

El propio Luenco Navas (2004) en el texto del que nos ocupamos, afirma: “el ser humano nace inacabado, y la educación lo que pretende es modificarlo para complementarlo y optimizarlo, tomando como referencia un modelo ideal de persona y de sociedad que le sirve de guía. La educación trata, en definitiva, de hacer alas persona mejor de lo que en principio es”.

Para Savater (1997) “durante siglos, la enseñanza ha servido para determinar a unos seres humanos frente a otros”: a los hombres frente a las mujeres, a los pudientes frente a los menesterosos, a los citadinos frente a los campesinos, a los clérigos frente a los guerreros, a los burgueses frente a los obreros, a las castas superiores frente y contra los inferiores.

Luego, pasa este autor a postular que “la educación consiste en acabar con tales manejos discriminatorios; aunque las etapas más avanzadas de la enseñanza puedan ser selectivas y favorezcan la especialización de cada cual según su particular vocación, el aprendizaje básico de los primeros años no debe regatearse a nadie ni ha de dar por supuesto de antemano que se ha nacido para mucho, para poco o para nada”.

Que el proceso educativo pretenda ser de perfeccionamiento humano, resulta absolutamente necesario, y por supuesto, obvio.

Rousseau cree que el hombre en su estado natural, es poco menos que un ángel, sin embargo, los hechos demuestran que fuera de los parámetros de la educación, el comportamiento humano desde la infancia puede encaminarse hacia el desorden y la violencia. Goulding (1956) en su obra” el señor de las moscas” nos da una muestra de la terrible condición a la que puede quedar reducida una tribu de niños sin escuela. El proceso educativo es de perfeccionamiento humano.

Tercer argumento: que la educación sea un proceso asociado a valores colectivos, resulta incuestionable. En efecto, la primera educación se da en el hogar, sobre todo en el hogar prolífico, en el que se enseña y aprende genuinamente, la sociedad, la compasión, el altruismo, y otras virtudes o valores imprescindibles para la convivencia.

Luego, la escuela, el currículo académico, es quien se encarga de interiorizar en el educando, los fundamentos éticos de los valores colectivos, es decir, aquellos valores que le dan cohesión a la sociedad, o sentido a las estructuras comunitarias, sin anular libertades individuales básicas.

Según Durkheim (1922), es función de la educación “suscitar en el niño un cierto número de estados físicos y mentales que la sociedad a la que pertenecen considera que deben florecer en cada uno de sus miembros. La sociedad no puede subsistir más que si existe entre sus miembros una homogeneidad suficiente: la educación perpetúa y refuerza dicha homogeneidad, fijando por adelantado en el alma del niño, las similitudes esenciales que requiere la vida colectiva”.

La capacitación técnica individualizada, no es propiamente “educación” ya que la pericia es un oficio, no significa que la persona le pueda servir bien a la sociedad al ejercer ese oficio.

Sin duda alguna, la educación es un proceso asociado a valores colectivos seleccionados, es decir, a valores que hacen del individuo un miembro digno y útil de la comunidad.

Cuarto argumento: que la educación utilice influencias intencionales, halla su razón de ser en la rúbrica de que el educador influye en el educando, y el educando sobre el educador. Expresa Luenco Navas: “la educación implica relación social, influencia humana de unos sobre otros”.

Sin embargo, en la educación las influencias han de ser intencionalmente o deliberadamente positivas. Se debe respetar la libertad y la dignidad de las personas integradas al proceso. Tiene que haber “un acuerdo previo (explicito o implícito) entre la persona que ejerce el influjo y la que lo recibe”. (Luego Navas, 2004). Afirma el autor: “aquellos influjos que han sido controlados y organizados por parte del educador de una forma consciente, deliberada e intencional, para que incidan positivamente sobre el sujeto, son los que deben considerarse propiamente educativos”.

No hay sistema educativo formal sin un conjunto de propósitos concretos, y esos propósitos se asimilan a influjos o influencias que los maestros y el contexto académico ejercen sobre el estudiantado. En la educación hay un entretejido de propósitos e influencias.

Por otro lado, en la esencia del proceso educativo, los propósitos tienen continuidad, “plantean la necesidad de que las interacciones entre las personas de la trama enseñanza-aprendizaje, sean constante en ciertos lapsos para un mejoramiento efectivo en el educando”.

Las influencias intencionales y positivas o constructivas, tienen roles específicos en la educación.

Quinto argumento: que la educación tenga como finalidad mutuamente complementarias la individualización y la socialización, resulta intrínseco a su esencia. Es un hecho ligado sustancialmente a la enseñanza y el aprendizaje.

Para Vygotsky, y para casi todos los teóricos de la educación, la individualización es la vía guiada por la que el educando transita al autoconocimiento y al ejercicio de su libre albedrío, mediante introspección, y luego hacia la expresión de su voluntad y de su capacidad creadora, “identificándose en este hecho la posibilidad transformadora e innovadora de la educación”.

La socialización para Durkheim (1922) y para otros autores, la integración del sujeto a la colectividad. La educación implica la adaptación y la incorporación del sujeto a su medio físico y social, a través de la adquisición de saberes, valores, normas, actitudes, y otros elementos propios de la cultura y de la comunidad en la que está inmerso y “la educación se concibe como el medio ideado por la cultura para insertar al sujeto en su seno”. En adición, la enseñanza es la fuerza orientadora de la educación, y el aprendizaje la consecuencia de la educación.

Definitivamente, la educación es un proceso idealizado de perfeccionamiento humano, asociado a valores colectivos seleccionados, que utiliza influencias intencionales positivas, y que tiene como finalidades mutuamente complementarias, la individualización plena y la socialización vital.

-Otoniel López Benítez, Patricia Rodríguez Trespalacios.



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Concepto de educación y sus desafíos del Siglo XXI Frente a nuestras Prácticas Pedagógicas Contemporáneas

El siglo XXI se caracteriza por sus increíbles avances científicos y tecnológicos, una extensiva onda de información por doquier y el incremento exuberante del conocimiento. La educación se sirve de todas estas bondades que la realidad actual ofrece, y que, al ser seleccionadas y aplicadas adecuadamente a cada ámbito de la misma, generan aportes excepcionales, sin embargo, hemos arrastrado y traído a cuestas siglos de historia con el mismo sistema educativo; percepciones, ideales, prácticas que no son afines a las exigencias del tiempo presente, sino que por el contrario son dicotómicas con el panorama actual. Es por ello que el presente documento tiene por objetivo describir los aspectos más representativos de la práctica pedagógica docente en el siglo XXI que responden a las exigencias de un mundo contemporáneo cada vez más cambiante, a fin de ejercerla de manera innovadora, crítica y reflexiva. 

Empezaremos abordando del concepto de educación como un proceso de humanización que busca el constante perfeccionamiento del ser humano, quien nace inacabado, pero debe desarrollar sus potencialidades y adquirir competencias que le permitan ser parte de una sociedad. Por consiguiente, esta finalidad debe tener en cuenta al ser humano de una forma integral en todas sus dimensiones y capacidades circunscritas a su contexto real que será un agente influenciador de gran importancia, aquí la intencionalidad del proceso educativo juega otro papel importante toda vez que hace que aquellos influjos del contexto incidan de manera positiva sobre el individuo. Este proceso implica acción por parte del educador quien trata de organizar el contexto en que se lleva a cabo la enseñanza para favorecer la intención haciendo uso de las Teorías Pedagógicas Contemporáneas las cuales “describen, explican, conducen y permiten la comprensión de lo pedagógico ante las exigencias del contexto y pasan a ser referentes que crean y recrean los contextos sociales y pedagógicos de la escuela” (Suárez, 2000, p. 42).  Estas nuevas teorías y enfoques de enseñanza apuntan a que el estudiante desarrolle su independencia, autonomía y construya sus propios saberes. Éstas están centradas principalmente en el aprendizaje significativo, ritmos y estilos de aprendizaje, la colaboración y el trabajo en equipo. Para ello, el docente tiene la obligación de estar en actualización constante a fin de conocer nuevas tendencias en procesos de enseñanza aprendizaje que le ayuden en la formación de estudiantes críticos, creativos e innovadores que a través de un aprendizaje significativo adquieran las competencias necesarias para la resolución de problemas a partir de los avances de la ciencia, la tecnología y el contexto social. 

Una manera de promover este aprendizaje autónomo, crítico y significativo es a través de la integración de las TIC al proceso educativo. Esta es una necesidad que surge debido a que, si la sociedad avanza y con ella trae nuevos factores y elementos, estos deben ser adaptados y aprovechados en el campo educativo a fin de que la educación también avance. De acuerdo con esto, las nuevas tecnologías han adquirido un papel protagónico en la sociedad actual, las cuales pueden ser de gran apoyo pedagógico, en especial para promover el aprendizaje autónomo y fortalecer la motivación de los estudiantes. Silva (2010) sostiene que “Las TIC ayudan a la transformación de ambientes de enseñanza - aprendizaje a través de enfoques metodológicos innovadores que transitan del aprendizaje individual al colaborativo, y de la transmisión a la construcción del conocimiento" (p. 14). 

Por lo tanto, es necesario resaltar la importancia del rol que juega el docente del siglo XXI para alcanzar los objetivos de aprendizaje propuestos, quién debe poseer las competencias relacionadas al uso eficiente de las TIC, lo que ayudaría a llevar el conocimiento más allá del aula de clases, logrando así que el estudiante interactúe con la realidad a través de los medios digitales y lo inviten a construir sus propios aprendizajes. Viloria, Pacheco y Hambuger (2018) afirman que “el profesorado debe ser capaz de diseñar actividades de enseñanza en la Red, donde cada estudiante interprete y construya sus propios significados a partir de su interacción con la realidad” (p.28). Estas actividades le dan un rol más activo al estudiante, quien debe ser siempre el protagonista en el proceso de enseñanza aprendizaje, sin desconocer el rol importante de guía que juega el docente durante el proceso. Para los docentes es fundamental la alfabetización digital, pues los lleva a ser maestros innovadores con distintas estrategias y enfoques enseñanza para llevar las nuevas tecnologías al aula de clases y promover en sus estudiantes el interés por el uso de las mismas a fin de contribuir en su proceso de aprendizaje.

Por otro lado, el docente debe tener en cuenta las diferencias individuales de los aprendices, y considerar diversos estilos de aprendizaje e inteligencias múltiples, al momento de enseñar y evaluar a los estudiantes, teniendo en cuenta que estos provienen de distintos contextos socioculturales y poseen diferencias cognitivas, afectivas y psicosociales, las cuales juegan un rol crucial durante el proceso de adquisición de saberes. López López, Tourón y González Galán (1991) sostienen que “los alumnos son diferentes, con características diversas y con ritmos de aprendizaje diferentes. Esto obliga a pensar en cómo adecuar la educación a tales diferencias, que no es otra cosa que individualizar la educación y por tanto la enseñanza” (p.85).  

Como ya se ha manifestado, el docente debe entonces ser innovador, debe enamorar al estudiante y fomentar la curiosidad en él para que éste se motive a aprender, tenemos pues la responsabilidad de organizar un ambiente con las condiciones apropiadas para esto. Como resultado, la creación de un buen ambiente en el aula de clase desemboca en estudiantes más comprometidos, participativos, críticos y creativos, que se atreven a generar conocimientos en un ambiente de plena confianza y empatía con sus docentes.

Para concluir, la práctica pedagógica de un docente del siglo XXI debe responder de manera idónea a las exigencias de un mundo más cambiante, no podemos seguir con viejas prácticas educativas que no responden a las nuevas necesidades, estilos e intereses de nuestros estudiantes. En la medida en que el docente se involucra de forma comprometida en su quehacer diario en pro de la mejora continua, siendo ejemplo de un docente integral; actualizándose permanentemente, apropiándose del saber pedagógico, siendo investigador, crítico e innovador, incorporando las TIC en sus prácticas de aula y manteniendo un sentido inclusivo, respetando los estilos y ritmos de aprendizaje de sus estudiantes evidenciado en una evaluación equitativa, formativa y justa, y en las relaciones empáticas que generan un ambiente adecuado propiciando así aprendizajes significativos.

-Zuleidis Rodríguez Manjarréz, Antonio Polo.

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